HISTORIAS DE ÉXITO

Lección de vida


 

"Uno puede perderlo todo, incluso los brazos y las piernas, pero jamás la esperanza."
Nicolás Hernández

El maestro Nicolás Hernández Martínez es indígena chol y nació un día de muertos de 1956, en Masojá, Tila, Chiapas. Sus padres no hablaban castellano. Por “enfermedades”, tres de sus hermanos menores fallecieron siendo niños. Hoy, es profesor bilingüe con casi treinta años de servicio, y día a día enseña, en aulas, pasillos y calles, las primeras letras, los números y el significado de orgullo, dignidad y esfuerzo.

A los 18 años tuvo un accidente en Salto de Agua, Chiapas: sufrió una descarga eléctrica y cayó fulminado, medio muerto. Tardó seis meses en despertar: sus piernas y brazos habían desaparecido, los sueños también. Salió del hospital casi dos años después.

 “No fue fácil, de ninguna manera, pero fui aprendiendo. Los aparatos de los brazos eran menos complicados, pero aprender a caminar nuevamente fue realmente doloroso y difícil. Aún lo recuerdo, fueron días de dolor y sangre”, rememora.

La entereza y el coraje lo hicieron seguir adelante: primero, estudió la preparatoria por las tardes; después cursó la licenciatura en Leyes, por la Universidad Autónoma de Chiapas; y, recientemente, terminó una maestría en Ciencias Penales.

Nicolás es padre de seis hijos y profesor en el Centro de Integración Social numero 30, en San
Cristóbal de las Casas, Chiapas, y asegura: “He disfrutado la vida, con todo y mis amarguras”. Evita hablar de su familia : “No quiero recordarla, eso duele más”; pero tiene muy claro su origen y su labor: “Soy maestro porque me gusta enseñar a los niños. Soy indígena, igual que ellos, y sé lo importante
que es el estudio para poder hacer algo en la vida, tal vez la única vía de hacer algo. La Educación es deseo, sin eso no se podría seguir adelante”.

Simpatizante de la causa zapatista e interesado en los movimientos sociales, comenta: “Antes de 1994, para el gobierno, los indígenas no valíamos nada”. Sobre el Subcomandante Marcos opina: “Puso el ojo de la humanidad en los más golpeados, los más marginados. Un dirigente digno. Si no eres indígena, no puedes dimensionarlo en su totalidad”.

El profe Nico, como lo llaman sus alumnos, sigue esperando apoyos: aparatos ortopedicos modernos, trabajo público con su perfil profesional y el patrocinio para pagar su deuda con la universidad Manuel Jose de Rojas, donde realizó su maestría.

Este es un hombre al que se le ve diariamente, de frente y de reojo, po su labor y por sus aparatos. Increiblemente gobiernos, autoridades y organizaciones no tienen ojos para él.

Para entender la fuerza que lo impulsa, basta escucharlo decir: "En algunos momentos he perdido la esperanza, he querido morir para no seguir sufriendo, pero en la vida todos tenemos que luchar, No estoy ni me siento icompleto".