El trabajo comienza lijando la
pieza de madera; luego la impermeabiliza aplicando
un barniz que hace con aceite de chía y
tierras. Después la bruñe con una
piedra hasta alisarla completamente. Agrega varias
“manos” de polvo de tierras calizas,
colorantes, anilinas y aceite de chía,
hasta obtener el tono y tersura deseados (fondeado).
Enseguida viene la etapa del secado que puede
durar hasta un mes, dependiendo del clima.
Las tierras (tecostle, tesicalte y tocte, nombres
locales) las traen en pedazos de yacimientos
cercanos a Olinalá y luego tateman los
trozos antes de molerlos. El aceite de chía
lo fabrican en el propio taller de Coronel,
siguiendo procedimientos tradicionales, y lo
guardan en recipientes cerrados para que se
conserve por largo tiempo.
La decoración es otra etapa importante.
Cuando Chico va a hacer un baúl, primero
lo compasea, es decir, traza las líneas
rectas que enmarcarán el dibujo. Si va
a usar varios colores, primero pinta con uno,
deja secar y luego aplica el otro, hasta terminar
el dibujo. No usa cartones o dibujos previos,
sino que siempre crea en el momento. Los colores
naturales los extrae de diferentes vegetales;
así, por ejemplo, el negro lo consigue
después de quemar la cáscara de
encino o el olote de maíz y moler esos
materiales. Por el contrario, las anilinas de
colores las compra en la ciudad de México,
en Chilpancingo, Guerrero, o en su propio pueblo.

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